El profesor: El pacto de tres
—El profesor tiene razón, pequeña —susurró Carolina, girando la cabeza para mirar a Becky de hito en hito—. Estás escribiendo sobre algo que todavía no experimentas en su totalidad. Te empeñas en ver esto como un triángulo cuando en realidad es un sistema cerrado. Becky dio dos pasos hacia nosotros, con los ojos brillando en la penumbra de la sala. La timidez había quedado enterrada en el sótano del archivo histórico. —Entonces demuéstrenme cómo debe escribirse —desafió la joven, alzando la barbilla con una osadía que aceleró mi pulso de inmediato. Carolina no dudó ni un segundo. Giró el rostro hacia mí y selló mis labios en un beso profundo, dominante y hambriento, exigiendo una respuesta inmediata mientras sus manos se aferraban con fuerza a mi nuca. Al mismo tiempo, Becky se acercó por el costado, deslizando sus manos por mi cintura y rozando con su pecho mi brazo, participando del encuentro con una avidez desmedida. La frontera entre la teoría literaria y la realida...